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  • Los claroscuros del turismo de congresos y convenciones


Aunque pudiera decirse que este año ya no hay espacio para nuevos proyectos en el Consejo de Promoción Turística de México (CPTM), enfocado como está dejar todo en orden para retomar sus actividades en 2017; hay gran optimismo entre los especialistas en el segmento de congresos y convenciones.

Y es que la nueva administración, que encabeza Lourdes Behro, está asumiendo algunos compromisos para apoyar a este segmento, del que nadie puede poner en duda su rentabilidad.

El hecho es que en el pasado ha habido una política errática en la búsqueda de estos eventos, que en algunos casos pueden representar miles de cuartos-noche para un solo destino y en una fecha concreta.

Estos eventos hay que ir a pelearlos, lo que significa a convencer a los organizadores de que las mexicanas son las mejores opciones para organizarlo.

Algo que se consigue con el apoyo gubernamental, no sólo con recursos sino con promoción y en este último tema incluso ha habido una discusión sobre quién debe hacer ese trabajo, si el CPTM o Proméxico.

El próximo año, los especialistas en este segmento esperan que realmente el CPTM tome algunas acciones estratégicas y bien focalizadas, como este organismo lo está prometiendo.

Lo que sí es una verdadera pena es que algunos centros de congresos y convenciones se hayan convertido en elefantes blancos que no sólo resultan inútiles y poco competitivos, sino que están abandonados.

Allí está el caso del centro de congresos y convenciones de Los Cabos, que desarrolló Fonatur para la reunión del G20 de finales del gobierno de Felipe Calderón.

Una obra polémica, cuya construcción obligó a que las autoridades del Fondo se saltaran todas las “trancas” normativas y que el gobierno federal le donó al gobierno del estado de Baja California Sur.

Sólo que este último nunca tuvo dinero para concluirlo y ponerlo a funcionar y después llegó el huracán Odile que lo dejó en condiciones lamentables.

Hoy sigue allí, como un monumento a las barbaridades que cometen los gobernantes.

Y por si fuera poco, hay otro centro de convenciones en La Paz que tampoco funciona, así es que el gobierno de esa entidad tiene allí esos cadáveres que valdría la pena poner a operar en coordinación con la iniciativa privada.

Otra situación escandalosa al respecto existe en Cancún, donde el gobierno de Roberto Borge ordenó la construcción de otro de esos inmuebles, que nunca fue inaugurado y que hoy no se puede utilizar porque están mal hechos los cálculos estructurales, así que se está hundiendo.

Un hecho indignante, no sólo desde una perspectiva del desperdicio de los recursos públicos; sino porque el destino de sol y playa más importante del país, sigue teniendo como opción para el turismo de reuniones un edificio que se volvió una antigualla, para no hablar de que está rodeado de los antros con la peor reputación en la isla.

Ejemplo de que si bien Cancún es muy competitivo en varios segmentos, aquí sigue habiendo una “pata de la mesa” verdaderamente floja.